Cataros aquellos hombres buenos.

Aquellos hombre Buenos.
Paisaje edad media.

  Era sé que se era, un noble bueno, que cumplía con su rey, confiaba en su iglesia, cuidaba de sus súbditos y de sus  tierras. Un noble que se preocupaba por las personas y los problemas de estas.
  Pero un día fue a visitar a nuestro noble el recaudador de impuestos, este le pidió su tributo pero era mayor que otras veces, – “Nuestro rey está en guerra” le dijo. Nuestro noble le pago el tributo que le pedía, aunque para ello tuvo que subir las tasas a todas las personas de sus tierras, al poco tiempo vino a visitarle el obispo, era su visita anual para el cobro del diezmo, el noble que era creyente y justo le dio su parte a la iglesia.
  A la mañana siguiente, el noble se encontró con su cocinera y esta le dijo: Señor hoy no tenemos que comer, nuestro noble pensó, iré a cazar, buscare mi sustento. Y salió a cazar..
  Cuando dejo su castillo y empezó la andadura por sus tierras empezó a observar algo extraño, las personas con las que se cruzaba estaban desnutridas, las tierras estaban yermas, no había animales de granja, no había granjas, tampoco había caza y sobre todo, aquellas personas que siempre le habían saludado con respeto y agradecimiento, ahora le miraban con desprecio, esto le hizo pensar en todo lo que él hubiera podido hacer mal, pero el solo había cumplido con sus obligaciones. Siguió su camino y todo el panorama era igual, desolador, a la sombra de un árbol, sentado había un hombre, que no le miro con desprecio, incluso repartió con el su comida, aquel hombre era diferente.
  El hombre le hablo al noble diciendo: …llevamos una vida santa y muy estricta, de ayuno y abstinencias, pasando día y noche orando y trabajando, sólo buscando sacar de este trabajo lo que es necesario para la vida… Nosotros y nuestros padres, siguiendo la línea de los apóstoles, hemos permanecido en la gracia del Cristo y permaneceremos hasta el fin de los siglos.
  Somos la Iglesia, porque seguimos a Cristo; y que seguimos siendo los verdaderos discípulos de la vida apostólica, porque no buscamos el mundo y no poseemos ni casa, ni campos, ni ningún dinero…
  Nuestro noble pensó que ese hombre era feliz, y que sus palabras eran justas. Su rey solo buscaba el poder y por eso siempre estaba en guerra, y la iglesia ya no cumplía con su deber, decidió seguir a aquel hombre que nada pedía, ni nada tenía, y fue feliz.
  Pasado un tiempo todas las personas de sus tierras encontraron la felicidad y la prosperidad eran “Buenos Cristianos”.
  La vida de tales hombres y mujeres, sencillos y humildes, fue tan firme y ejemplar, sus huellas quedaron tan profundamente marcadas en la sociedad de su tiempo que, a pesar de todo el esfuerzo que se hizo por destruirles, por prohibir completamente sus enseñanzas, su búsqueda y su mensaje permaneció presente en las conciencias humanas y sin duda, hoy encuentra de nuevo un eco en el corazón de los hombres.
  Así podemos entender el sentido de la profecía y leyenda que sobre ellos se escribió: “Después de setecientos años, el laurel volverá a reverdecer”.

Simblo Cataro

Historia.
  Estamos en el siglo XI, edad media, los grandes nobles se pelean por el poder, la iglesia se encuentra muy implicada con el poder, todos (la iglesia y los reyes) quieren mantener su porción de poder, se alían  y guerrean entre ellos, mientras el ya empobrecido pueblo tiene que seguir manteniendo a los nobles, la iglesia y a los guerreros. A cambio de esto sus protectores los nobles crean leyes injustas y altos impuestos, la iglesia exige su diezmo mientras el pueblo pasa hambre y su rey solo se preocupa de añadir tierras a su reino.
Banquete edad media.
  Un panorama muy desolador para muchos. ¿Por qué os cuento esto?, solo para entrar en situación, vale… también es verdad que había algunos hombres buenos, pues de esos quiero contaros algo, de los “Buenos Cristianos”, los Cataros.
  En este panorama histórico de múltiples guerras, apareció una corriente espiritual que proclamaba nuevas ideas. Si tuviéramos que describir en dos palabras en qué se caracterizaban los cátaros diríamos que eran “predicadores y consoladores”.
  Quisiera explicar sobre todo en qué consistía esta predicación y consolación que tanto temieron los poderes políticos y religiosos, y contra la que lucharon tan encarnizadamente.
  La carta que Evervin, preboste de la abadía de Steinfeld, manda a Bernardo de Claraval en el año 1143 es clara Aalrespecto  Ésta es su herejía: Dicen de sí mismos que son la Iglesia, porque sólo ellos siguen al Cristo; y que siguen siendo los verdaderos discípulos de la vida apostólica, porque no buscan el mundo y no poseen ni casa, ni campos, ni ningún dinero…
De sí mismos dicen: …llevamos una vida santa y muy estricta, de ayuno y abstinencias, pasando día y noche orando y trabajando, sólo buscando sacar de este trabajo lo que es necesario para la vida… Nosotros y nuestros padres, siguiendo la línea de los apóstoles, hemos permanecido en la gracia del Cristo y permaneceremos hasta el fin de los siglos.

El consolamentum, para los cátaros, no era otra cosa que el bautismo espiritual instituido por Cristo. Siguiendo la tradición de Pentecostés, los cátaros consideraban que los apóstoles habían recibido la fuerza del Espíritu Santo con este bautismo, así como el poder de otorgarlo a quienes ellos considerasen dignos de su iglesia. Este bautismo por imposición de manos, llamado consolación siguiendo las palabras evangélicas de Juan “Yo os enviaré un Consolador…”, es el hecho más distintivo del catarismo

El perfecto cátaro consideraba que Dios Padre era el Supremo Bien y el Sumo Hacedor de la creación.

Su libro sagrado es el Nuevo Testamento.

Creen en la reencarnación (metempsicosis), ya que es posible que solo a través de varias vidas pueda el alma encerada en la materia alcanzar la purificación necesaria para recordar su origen divino.

Su única oración El Padre Nuestro.

¿Por qué razón creyeron entonces que los cataros eran un peligro?, estos hombres repartidos por toda Europa, especialmente en el sur de Francia y el norte de Italia, amenazaban el prestigio y el poder de las autoridades eclesiásticas, consiguiendo devoto, no solo entre las clases populares, sino también entre la alta nobleza e incluso entre algunos sectores del clero.

Sacerdotes de la edad media.

La vida de tales hombres y mujeres, sencillos y humildes, fue tan firme y ejemplar, sus huellas quedaron tan profundamente marcadas en la sociedad de su tiempo que, a pesar de todo el esfuerzo que se hizo por destruirles, por prohibir completamente sus enseñanzas, su búsqueda y su mensaje permaneció presente en las conciencias humanas y, sin duda, hoy encuentra de nuevo un eco en el corazón de los hombres.

 

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